¿Qué’s la qué? Comunicación entre generaciones

¿Cómo incidirá el lenguaje que adoptan las generaciones en el proceso de comunicación? ¿Qué impacto tendrán esas nuevas formas de expresión en el ambiente laboral? ¿Será posible que un empleado de la generación Y te hable y no entiendas lo que acaba de decir? La historia que compartiré a continuación redactada por la escritora Julie García e ilustra las brechas que surgen en el proceso de comunicación entre generaciones. Espero que la disfruten la genialidad de Julie tanto como yo:

¿Qué’s la qué?

Por Julie García 

Nunca había sido tan difícil comprar un celular. Entré a la tienda, cuyo nombre no quiero recordar, y un hermoso joven me saludó como proveniente de otro planeta. No entendí lo que dijo, pero pensé que era una reacción provocada por la falta de alimento. Los que me conocen saben que no soy yo cuando estoy hambrienta

Le sonreí enseñando todos mis dientotes y traté de comunicarle que deseaba un celular que no fuera costoso, pero que generara buena señal pues llevaba más de un año sufriendo con mi antiguo aparato. De alguna manera el caballero, ya les dije que estaba guapísimo, me dejó saber su nombre Francis. Y mientras caminaba hacia una vitrina me algo como: “Éste es el más ranking de Vrzn”.

De solo mirar el celular supe que la mitad del mensaje se había perdido en el espacio. Así que me acerqué a Francis y le enfaticé que yo no buscaba el más ranking sino el más económico y eficaz. Francis me instruyó de manera muy amable: “Es que este fono es el que le sigue al que tú tienes. Y mira que pasa’o es igual al que yo tengo”.

Casualmente, en ese momento Francis recibió una llamada y saludó: “¿Qué’s la qué? Ah sí, te llamo horita es que estoy al palo. Tengo una clientita aquí y ni he almorzado”. Continuó hablando maravillas sobre el celular y entró otra llamada: ¿Qué’s la qué’s ‘ta pas? Esta noche. To’ el corillo. Pues en casa de Papo.

Confirmé mi sospecha. Francis era de otro planeta. Me esforcé por entenderlo, ya saben lo alcahuetes que somos los puertorriqueños con los extranjeros. Volví a explicar que lo que deseaba era un celular barato y sencillo. Pero Francis, me seguía pichando.

La cadencia del nuevo lenguaje mezclado con la tarea casi imposible de entenderlo y la sonrisa tan maravillosa de Francis me llevaron a comprar un celular blin blin. Tiene un mosquito bruto adentro y se estrella contra la pantalla una  y otra vez. Si bien es cururu que está rankeao pa’chulear, el fono tiene funciones que ni siquiera me agradan. Y, para colmo de males, estoy contaminada con el nuevo idioma que más tarde me enteré que no es de otro planeta sino de éste y lo usa la gente que está a fuegosky  jangueando hasta la madrugada.

No estoy tripiando, la anécdota es real. Francis cerró la venta, me ofreció su tarjeta, enfatizó que esa noche, como todos los sábados, había party en casa de Papo No Se Qué y me explicó como llegar. Entonces me percaté de dónde sale esa palabrería.

A las tres de la mañana mientras la mayoría permanece diezsiete, se está engendrando un nuevo lenguaje en los antros. Ya está vigente en las escuelas. Las abuelitas lo aprenden de los nietos.

Palabras como chillin’ aparecen en campañas publicitarias reconocidas. Ranking está reconocida por la Real Academia Española. Frases como la hace o no la hace son comunes en anuncios de televisión y en el léxico de los locutores de radio. La juventud de 24 a 26 años  domina aproximadamente el 80 por ciento de la jerga. Los que nos acercamos a los treinta estamos queda’os.

Actualmente desaparecieron el tan reconocido raitrú de mi época y el count de los noventa. Ni de hablar del uva que se usaba en los tiempos de mi viejito.

Al parecer  el auge que ha tomado la jerga juvenil se debe al uso frecuente que se la da en las líricas (pobres) del reguetón y el hip hop americano. Debemos agradecer su inmortalidad a personas como Papo No Se Qué quien se encarga de ofrecer un party semanal en su casa. El que tenga más babilla para ser parte del jangueo, más vale que se ponga bien pompiao en eso del lenguaje. De lo contrario tendrá que permanecer tombo toda la noche.

Presumo que con el tiempo tendremos que aprender la jerga para que los vendedores jóvenes no nos engañen con artefactos que no bregan en nuestras vidas sencillas. Pero, por el momento, tengan cuidado, no todos estamos listos para asimilar los cambios. No imaginan la reacción de un amigo cuando llamó a mi celular y lo saludé con un ¿qué’s la qué’s ta’ pa? El mojonski se sorprendió tanto que sintió deseos de chonquear.

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