Usted

Usted es la culpable, de todas mis angustias de todos mis quebrantos…” Esa primera frase del popular bolero del compositor mexicano Gabriel Ruiz toma hoy una singular relevancia en mi vida. Y es que la palabra “usted” definitivamente llegó a mi existir -a mi juicio muy temprano. Por lo tanto, el “usted es el culpable” de ese recordatorio de distancia de edad entre el interlocutor y yo. Como les había relatado anteriormente cargo con mucha dignidad mis treintanosontantos que son parte de mi segunda juventud –en mi opinión la mejor edad. Sin embargo, nunca imaginé que el “usted” llegaría a mi vida tan anticipadamente.

Les cuento. Hace unos años atrás ofrecí algunos cursos en la Universidad Interamericana Recinto de Aguadilla en Puerto Rico. Ése fue mi primer enfrentamiento con el tratamiento de usted. Claro, en ese ambiente era esperado. Sin embargo, se sentía muy raro porque me pensaba muy joven para ser llamada de esa forma. Inclusive, al tratarse de cursos nocturnos algunos estudiantes eran mayores que yo. Entonces me dije a mí misma: “se trata de una situación peculiar así que no te preocupes”.

Descubrí par de años después que no era una situación peculiar, por doquier que iba tiendas, universidades, iglesia… cada vez “el usted” era más insistente. De hecho, tal vez un año después de ser profesora universitaria me desempeñé como Jefa de Redacción de una agencia de publicidad. Allí recluté unos profesionales muy talentosos, todos menores que yo, pero algunos por no mucho. Las chicas me trataban de tú (lo que me parecía excelente). Pero el único chico que teníamos en el departamento me trataba de usted. Nuevamente se sentía muy extraño, especialmente porque la diferencia en edad no era tan significativa. No obstante, nunca le mencioné nada porque entendía que era su forma particular de mostrar respeto a su jefa. Más adelante cuando dejamos de trabajar en ese lugar, le solicité que dejara ese tratamiento de usted, que por favor me tratara de tú. Al principio se le hizo difícil, luego accedió. Aunque de vez en cuando se le escapa un “simpático” usted.

En las situaciones anteriores más que por edad, el usted transcurrió por jerarquía –bueno eso quiero pensar-. Sin embargo, recientemente me aconteció el colmo del “usted”. En septiembre comencé el programa de Maestría de Periodismo en Español de la Universidad de Miami (sé lo que están pensando y la respuesta a esa pregunta es: “en efecto, no me canso de estudiar”). Sucede que por alguna razón, que aún no entiendo, dos de las chicas matriculadas en el curso me tratan de usted. En el salón de clases todos somos estudiantes, así que estamos en la misma condición. Les he insistido que me traten de tú, pero no le he logrado.

La cuestión con “el usted”– al menos a mi juicio- es que nos recuerda un distanciamiento generacional o profesional. De hecho, siempre he llamado a los mayores que yo, usted. Se trata de una costumbre protocolaria que te han enseñado desde chico. ¿Pero cuándo uno comienza a ser lo suficiente mayor para que te traten de usted? Al menos yo todavía no estaba preparada.

Recientemente, viajé de Miami a Aguadilla. El caballero que se sentó al lado mío en el avión estuvo hablando conmigo desde que salimos hasta que llegamos. La conversación resultó amena y hasta nos habíamos conocido antes cuando yo laboraba como periodista y él como líder agrícola. Por lo que se desprendía del diálogo y mi apreciación visual estimé que mi interlocutor rondaba casi por la sexta década de su vida. Obviamente, en todo momento le traté de usted. Después de un rato de charla me pidió que lo tuteara, y me dio un argumento muy interesante. Me dijo: “Si a Dios que está en los cielos y es Todopoderoso lo llamamos de tú, porque nos vamos a tratar unos a los otros de usted”. Me encantó su argumento, nunca antes lo había escuchado. Es cierto, hay una señora en mi iglesia que cuando ora le dice al Señor usted y se escucha muy extraño, extrañísimo.

Hay algunos países latinoamericanos donde todos se tratan de usted. Precisamente, en días pasados observé en la farmacia a un niñito que le decía a su mami usted y viceversa. Se trata de una costumbre cultural que mayormente he observado entre los colombianos. Lo cierto es que no me imagino tratando a mis familiares de usted, enamorándome en usted, en la intimidad en usted… esa distancia que ofrece la palabra, al menos desde mi perspectiva cultural.

Hace un tiempo cuando el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez sugirió, en su discurso Botella al mar para el dios de las palabras, la “jubilación de la ortografía”, los grandes literatos despotricaron contra su atrevida propuesta. En ese entonces decía el Gabo:

“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y que de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una? “

Les pregunto, si yo Mariam Ludim Rosa Vélez simple mortal portoricensis sugiriera que jubilemos el usted del español, ¿qué me dirían ustedes? ¿Será acaso que me tengo que resignar a que en mis treintanosontantos me traten de usted?

Mientras tanto les digo que el “usted me desespera, me mata, me enloquece”.

17 Respuestas a “Usted

  1. Mariam:

    Muchas felicidades!! Me ha encantado tu escrito. Al tener unos poquitos años más que tu, me he enfrentando al “culpable” usted antes que tu. Y créeme, nunca me acostumbraré a que me traten de usted, me hace sentir como mayorcita (ja). Pero como tu bien dices, el usted llegó temprano a nuestras vidas y yo si estoy acostumbrada a decirle usted a los caballeros, que a mi percepción sean mayores que yo y a las damas que tengan alguna jerarquía en el ambiente laboral. En mi trabajo actual tres cuartas partes del personal son una generación antes que la mía (aunque debo aclarar que soy cusper) y cuando llegué tuve que luchar con todos y contra todos para que me tutearan. En un mes y medio ya solamente me queda una persona que me dice usted y es la de recursos humanos, así que ya no le insisto más.
    No hace mucho en Televicentro de Puerto Rico dieron una seria colombiana llamada “Sin t_t_s no hay paraíso”, la vi en una ocasión y tenía un contenido bastante fuerte, pero me refiero a ella por el sentido cultural que mencionas en tu escrito, todos se trataban de usted. Yo tampoco me imagino el amor en usted.
    Yo siempre te tutearé.
    Te quiero mucho y estoy orgullosa de ti.

  2. Recientemente, uno de mis estudiantes me compartió el prontuario de uno de los cursos que toma en el Colegio y en el que su profesor establece la diferencia entre el tú y el usted. Este profesor, quien no enseña español, adaptó en el prontuario de su curso lo que dijo Luis Rafael Sánchez acerca del uso del tú y el usted. Tanto para Sánchez como para este profesor colegial, el uso del usted no ha cesado y hace hincapié de que se utilice como lo estipulan “las reglas de etiqueta.” De esta forma, este profesor se asegura de que todos se dirijan a usted con la seriedad y el profesionalismo que exige.

    Desconozco si entre sus estudiantes este colega tendría a alguien mayor que sí, pues no tengo más detalles al respecto. Sin embargo, dada la realidad colegial, presumo que el mayor en el salón debe ser él. Algo parecido me ha sucedido a mí. En esta nueva experiencia como profesora, vuelvo a ser la mayor del salón, pero en mi caso, la diferencia de edad con mis alumnos no es tan marcada y mi estilo tampoco encuentra inadmisible que se refieran a mí sin emplear el “usted”. Yo no tengo problemas con escuchar entre mis alumnos el que me hablen de “tú,” ya que entiendo que el respeto no se determina por el tipo de persona a la que se esté hablando.

    Por otro lado, en mi trabajo en Recursos Humanos, soy una de las más jóvenes, así que el uso del “usted, ” resultaría casi mandatorio. No obstante, aunque al dirigirme por primera vez a un interlocutor mayor que yo emplee el “usted” si éste me pide que utilice el “tú”, no tengo problemas. Incluso, hasta me siento más cómoda.

  3. El tratamiento informal entre la gente del Caribe es tan natural como el respirar. La diferencia entre tú y usted es una de las cosas que enloquece a mis alumnos que aprenden español como segundo idioma. Soy maestra de español en una secundaria en Virginia. Mis alumnos no pueden creer que el español es tan rebuscado que el sencillo “you “ en inglés se convierte en tú y usted. Luego le lanzas a estos pobres aprendices la locura de las diferencias culturales y como los hermanos colombianos le dicen usted hasta al perro y entonces es cuando mis alumnos deciden que no pasarán de español I a español II, que se van a cambiar a estudiar una lengua muerta como el latín.

    Estoy de acuerdo con el gran Gabo. Matemos las haches, dejemos las ridículas reglas de acentuación, el subjuntivo ni se diga y tuteemos a todos desde el gobernador hasta la viejita en el supermercado. Tanta etiqueta es innecesaria, clasista.

    De todas maneras también le predico a mis alumnos que el “spanglish” será el idioma oficial del planeta en el siglo XXI. Viva el tuteo.

  4. Tengo 24 años y nunca me gustó afeitarme. La barba muy crecida tampoco me gusta, es más, me incomoda. Y si algo he aprendido de afeitarme sólo una vez por semana, es que afeitado soy “joven” y sin afeitar soy “señor”. En los supermercados, en el transporte público, en la calle, no importa dónde. La ley siempre se cumple y la única excepción que le he encontrado (y que la confirma) son los niños que venden caramelos o que me piden propina en la calle. Para ellos siempre soy “joven”.

    Afortunadamente, mi trabajo actual me permite tener libertad absoluta al vestir, y como detesto vestir formal -saco, corbata, zapatos, etc- siempre me verán por la calle con polo (playera, remera, polera, camiseta o, para evitar confusiones diatópicas, T-shirt), pantalones o jeans y zapatillas (sneakers). Mi forma de vestir no ha cambiado desde que entré a la universidad, pero al parecer eso no cuenta. Siempre el indicador en mí será la barba, esa delgada línea que separa el conjunto “señor” del conjunto “joven”.

    Recuerdo, por otro lado, que cuando estaba en la universidad existían en mi carrera dos grupos que funcionaban en forma separada y sin compartir ninguna clase: pregrado y formación complementaria. Pregrado éramos todos los que habíamos ingresado a la universidad inmediatamente después de terminar el colegio, gente cuya edad oscilaba entre los 16 y 24 años. Formación complementaria lo conformaban los que ya tenían una carrera técnica (u otra carrera distinta), experiencia profesional y que querían obtener un título universitario. Ellos tenían entre 28 y 35 años, aproximadamente.

    Por razones económicas, la universidad decidió juntar a ambos grupos en uno solo. Fue ahí que tuvimos que lidiar con los “tíos”, como les decimos en Perú, y por supuesto, con los problemas de cruces de horarios que nos ocasionaron. Nunca recuerdo haber tratado de “usted” a ninguno de ellos. Es más, ahora que lo pienso, hasta hubiese sonado raro. Sin embargo, sí tratábamos de “usted” a los profesores, incluso cuando algunos eran lo bastante jóvenes como para entrar en el grupo de formación complementaria.

    ¿Qué hace la diferencia entonces? No lo sé. Quizás la diferencia la ponemos nosotros mismos. Varias veces cuando gente desconocida me ha dicho “señor”, después de iniciar la conversación, bastan unos pocos segundos para que me empiecen a tutear. Y en mi trabajo, nunca hemos tratado de “usted” a mi jefe (37 años), ni siquiera el primer día que entré a trabajar. De alguna manera, la forma en que él se comunica lleva implícitamente el mensaje de “trátame de ‘tú’ nomás”. Yo sí creo que a veces la distancia la marcan las mismas personas. A veces por respeto (del lado del que dice “usted” al iniciar la conversación), pero muchas veces por soberbia (del lado del que recibe el “usted” o el “tú” con una mirada y gestos indicando que debe ser siempre “usted”).

    A mí siempre me sentó raro el “usted”. Varias veces, interactuando con mejicanos, me trataban de “tú” cuando hablaban en imperativo, pero, si bien no decían “usted”, al momento de explicar algo sí utilizaban su conjugación: “lo pone aquí y luego lo abre”, “lo gira y lo levanta”. En esa época tenía 20 años, y me sentía muy extraño cuando me hablaban así.

    Sobre si se debe eliminar o no, no es algo que podamos discutir. Por más que decretemos “se elimina la utilización de la palabra ‘usted’ del idioma español”, igual habrá mucha gente (no sólo los colombianos) que seguirá utilizándola en las ocasiones en las que lo crea conveniente y eso es parte de la riqueza del idioma castellano. La utilización, finalmente, la determinan las personas, no la Real Academia. Por más que nos pese. Estoy seguro que muchos preferirían la comodidad del inglés de simplemente decir “you”.

    Si sólo decidimos ya no utilizar el “usted”, esa palabra siempre quedará guardada para su utilización esporádica, al igual que el ‘passé simple’ del francés, y podremos soltar frases tan sugestivas como “usted es la culpable”, que es capaz de hacer sentir electricidad en ciertas mujeres, cosa que no sucedería jamás con “tú eres la culpable”, que más suena a sentencia. A ver, intenten decir eso en inglés.

  5. Saludos:

    ¡Qué placer verles en mi blog!

    Amanda bienvenida a Colisión Generacional.

    Zaidy qué lucha para lograr el tuteo cuando la persona entiende que debe tratarnos de usted. Si vamos al protocolo que ubiqué en la entrada, se supone que una vez digamos que queremos que nos tuteen, así lo hagan. Pero hasta ahora no lo he conseguido en muchas instancias.

    Becky un fenómeno que observo en la universidad es que aún los mayores que uno te tratan de usted. Recuerdo que cuando el Rector del Recinto de Mayagüez fue mi profesor trataba a todos los estudiantes de usted.

    Sonia no hay duda, el español es un idioma complejo y variado. A estas alturas de la vida y tengo muchas dudas, no me imagino entonces cómo será los que comienzan a aprenderlo.

    Miguel me parece genial la historia que nos relatas. A los 24 y ya tienes encuentros con “el usted” y “el señor”. Si no conozco el nombre de mi interlocutor opto por llamrarle “joven”, “dama” o “caballero”. Me parecen terminos más neutros y livianos. Por otro lado, me fascinó el final de tu entrada. Tienes razón la versión en inglés sería completamente antiromántica: You are guilty.

  6. This reply is written in English (my primarly language). Although I do practice my spanish verbally..

    If you are sitting in a Doctor’s Office and the secretary calls for you:
    Hey you, come here! vs Sir, please step this way! I guess we would all would rather be address as Ma’m or Sir, please step this way! We all like to be acknowedged with respect when we are in a unknown or unfamiliar surrounding and/or area. Although, hey you, come here!!! This would be something commonly said by friends and family at a house gathering… We tend to make the office a casual surrounding due to building relationships and team-work etc, so we tend to use more common words, then the professional approach.

    In the Human Resources field the code of ethic indicates the usage of Mr. or Ms. and/or “Mam” or “Sir” which is the proper way to acknowledge another person with respect…..

    When I first encounter the new employees (new hires), I do address them properly to ensure that I acknowledge them with respect. I can assure you that after a few minutes, we are all using first name bases and put away the ‘formality’. When you make the enironment casual there is no need for formality

    We need to culturally sensative and have that understanding that using proper acknowlegdement does make a difference. If they want to continue address you with the formal words, so be it! I am okay with being acknowleged as Mrs Ludim at all times and will return it with the same formality.

    **Good report. Reminds me to be more aware of my surroundings and to always be polite and respectful to all (not just my elders). Thanks!

  7. Tu nota confirma mis angustias. En el 2001 regrese de NY cuando tenía 30 años en la cintura. De vuelta al alma mater colegial. –Usted- asediaba en todas partes hasta en los cafetines de Balboa y Trastalleres. Me conformé, el tiempo, el exilio y el trabajo me habían marcado. Pues me sumo a su, perdona a tu propuesta “jubilemos la ortografía antes que nos jubile a nosotros”. Sin embargo, ese bolero no se retira de los cafetines que alegran la vida Colegial que parece no tener final y como dice el poeta: “Y hasta la vida diera por vencer el miedo, De besarla a usted”

  8. Siempre me dirigí a mi padre por usted hasta el grado 12, o cuando cumpli 18 años. Todos en casa le llamaban por usted. A ma’ (mi madre) la tutueamos siempre. No sé porqué. Pero me sospecho que era por el miedo, no el respeto. A pa’ (ahora le digo así sin miedo) no nos acercábamos, mientras que a ma’ la apretábamos cuando podíamos.
    No es cuestión, para mí de la edad, yo le llamo usted a mi secretaria que es menor que yo y a mi consejero de tesis que era mayor que yo.

    Lo hago por mantener un respeto hacia la persona, eso no quiere decir que no respeto a los que les digo tú. Sino que cuando empiezo a tenerle confianza tuteo a todos por igual. De hecho llamo a los profesores y profesoras por su primer nombre (este es otro tema) y esa no era mi costumbre… lo hago por la familiaridad que me presenta.
    Creo que lo mejor es usar tú y usted como uno quiera y si tu interlocutor lo pide o lo acepta el tú es más corto que el usted.
    Ahí quedas tú con mi opinión…
    -MO

  9. Me encantó “tu” final.
    Como me siento aludida (ya “sabes” por qué), deja que “te” diga que, además de que en mi casa me enseñaron (como a “ti”) a tratar de usted a las personas mayores que yo, y reflexionando un poco sobre lo que escribió Miguel Chambergo de que las distancias las establece uno, en efecto yo creo que algunas veces la actitud de la persona tratada de “usted” contribuye mucho, y no digo que sea “tu” caso, pero también, y lo digo por mí en particular, tomo mucho en cuenta qué tanta experiencia tenga la otra persona, si es casada o no, si tiene hijos, si es mi jefe o mi profesor… En fin, un montón de cosas que no sabría explicar de forma clara, mira por ejemplo: a mi papá le digo “papi” pero lo trato de “usted”, pero no le digo “lo quiero” sino “te quiero”. Bueno, sólo sé que con algunas personas el “tú” me sale tan forzado que creo que si mi interlocutor pudiera sentirlo preferiría mil veces que le trate de “usted”. Como “ves” he avanzado mucho, por lo menos cuando de “escribirte” se trata.🙂

  10. Bienvenidos a mi blog.

    Ludim, hope that when you say “my elders” you are not refering to me. Jajaja. Bueno, realmente en inglés no hay tanto distanciamiento porque todos se tratan de tú (you). Lo que expongo aquí es que puede existir el respeto profesional aún utilizando el tú. Como estás en Estados Unidos creo que no sentirás tanto como yo la llegada del usted.

    Michael, entonces, ¿puedo tutearte de ahora en adelante? Dado a vuestra experiencia, ¿cuándo debe resignarse uno a que no hay punto de regreso? Vamos a ver si alguno de tus estudiantes se anima a estudiar este fenómeno.

    Moisés Orengo, me alegra que por primera vez en la vida me trate de tú.

    Wanda Waleska, sigue intentando hasta que domines por completo el tú. Un placer verte por mi blog y espero que no sea la última visita.

    Mariam Ludim

  11. Querida Mariam:

    Me he sentido total y absolutamente identificada con tu escrito. Precisamente hace unos minutos acabo de sufrir un “desliz” al sostener una conversación con una persona mayor que yo en la que comencé tuteándola y luego terminé tratándola de usted porque yo misma me sorprendí y me regañé mentalmente por haber tenido la osadía de tutear a esta persona.

    Ahhh, fíjate a mi me sucedió algo diferente: cuando dicté cursos de Comunicación en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, la mayoría de mis estudiantes me tuteaban, aunque yo los trataba a todos de usted, por aquello de mantener el respeto. Puedo decirte que solo dos o tres se referían a mi persona de usted, algo que no era de mi preferencia, pero de lo que me valía al momento de tener que llamarles la atención…

    De todos modos, te confieso que aún a mis treintaytantos no me acostumbro a que me traten de usted porque para mi es el equivalente a que las señales de la vejez ya están muy visibles en mi rostro… Pero, supongo que tengo -o tenemos- que resignarme…

    Yadeth

  12. Yadeth, bienvenida a mi blog y muchas gracias por participar. ¿Entonces piensas que no hay remedio que resignarse? Si al menos el protocolo fuera más preciso en cuanto a la edad en que deben comenzar a tratar a uno de usted. Jajajaja. Al menos yo, todavía no he visto ese escrito. Jajajaja. Me pregunto entonces, ¿hasta qué edad durará la juventud?

    Mariam Ludim

  13. Imagínate que alguien se dedique a buscar los parámetros de la juventud profesionalmente. ¿Cómo lo llamaríamos ? ¿Juventudólogo?
    ¿Juventudista?

    Yo creo que causaría una de esas controversias de herencia vs. crianza. También me imaginano que habría un factor cultural que considerar.

    En mi familia, donde nadie divulga su edad y es parte de la psiquis corporativa de la familia el mantener ese secreto bien guardado, todos caeríamos en la categoría de bien jóvenes.

  14. Mariam, amiga, ¿por qué “usted” me hace esto? Escribes de un tema en el que pienso tanto (cada vez que alguien me ofende de ese modo), pero del que no tengo mucho que decir. Así que sólo les comparto que dejo el “usted” para algunas personas, muy ancianas o muy venerables. Si alguno(a) de esos(as) me solicita que le trate de “tu”, aprovecho la oportunidad inmediatamente. Le pido a todos que me tuteen, me molesta que me digan “usted”, lo cual es cada vez más frecuente, sobretodo en el trabajo. Ni modo, tengo que tolerarlo, porque aunque no me gusta nadita, la frecuencia irá en aumento…

    Definitivamente, el movimiento anti-usted cuenta con todo mi apoyo. ¿Quién puede imaginar una de esas bellas canciones de Sylvia Rexach en “usted”. Nada, que la única canción que tiene que ser en “usted” es “Usted”, porque ella fue tan culpable que quiso castigarla haciéndola sentir vieja…

  15. Desde ya, eso de tratarse de usted…….es resabio de épocas pasadas.
    El respeto no surge del trato. De cuantos podría yo hablar que, en otras épocas tratábamos de usted y no merecían ningún respeto. Bastantes entre los hispanoparlantes con sombrero de paja, anteojos sin marco y bigote, que nunca tenían tiempo para hablar con sus hijos, y dejaban a su buena esposa sola en casa para ir a divertirse con sus amantes o tomar café y jugar al dominó con sus amigotes en el club – exclusivo para HOMBRES!
    Muy bueno el argumento que si podemos respetar a D”s y tutearlo, nadie merece ese tratamiento.
    En mi experiencia personal en los últimos 60 años he respetado y recibido respeto de muchísima gente y siempre nos tuteamos.
    Cuando alguien me dice “usted señor” yo suelo decirle ” El Señor está en el cielo.. y en todas partes. A mí tratame de “vos” (en Argentina se usa el “vos” en lugar del “tu” más español.
    Besito,
    El “primo genético” Roberto.

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