Nuestra vocación en El Nuevo Día

La sección en punto de El Nuevo Día publicó hoy, 13 de agosto un artículo de mi autoría titulado La vocación, más allá de la profesión. El artículo es una invitación a realizar un examen profundo para reconocer cuál es nuestro verdadero llamado en la vida. Los más jóvenes a veces están confundidos sobre la carrera que deben seguir. Se debaten en ocasiones entre esa vocación y la presión familiar. También le puede pasar a los adultos y lo cierto es que considero que nunca es tarde para redifinir y procurar trabajar en lo que realmente te apasiona.
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9 Respuestas a “Nuestra vocación en El Nuevo Día

  1. Saludos.

    Me gustó mucho tu artículo. Yo descubrí mi pasión por las comunicaciones, en especial el periodismo, cuando tenía 16 años. Mi otra pasión, escribir, comenzó para el mismo tiempo. Aunque creo que una va atada a la otra.

    Lo recuerdo como si fuera ayer. Estaba en la casa de mi abuela Tata – que en paz descanse -, y veíamos las noticias de Noticentro 4. De pronto, sin previo aviso, sentí una fasinación muy especial por ese trabajo de dar noticias. Me dije – eso lo puedo hacer yo-. Pero sabía que no iba a ser aceptado por mi familia, por lo que esa pasión recién nacida la mantuve como mi más preciado secreto, hasta que ingresé a la Universidad.

    Mi abuela Tata, de alguna forma sembró en mí esa pasión, pues a ella le encantaba leer las noticias más sangrientas del periódico El Vocero.

    Como ya no veía bien, todas las tardes me pedía que le leyera las noticias del periódico.

    Cada palabra, cada verbo, cada oración ella se lo disfrutaba al máximo. Al terminar me pedía que le volviera a leer la noticia, en especial esa parte en la que describían el asesinato.

    – Madre santa, como está este mundo- siempre decía.

    Ese día, ella seguiría repitiendo las frases de las noticias que más le habían llamado la atención… y se las contaba a otros con sumo detalle.

    Nunca antes había pensado en ésto. Pero ahora puedo asegurar que mi pasión por las comunicaciones no surgió de la nada, sino que creció en mí por conducto de mi abuela.

    También yo me topé con lo peor que le puede pasar a un estudiante universitario de 18 años. Estudiar una carrera que no le gusta.

    Debido a que mis padres no querían que yo me hospedara en Río Piedras, pues estaba muy lejos de AÑasco, opté por estudir Mercadeo en el RUM.

    Duré en ese departamento un semestre. Después cambié a Estudios Hispánicos, pero eso tampoco me convenció.

    A los dos años, y ya un poco más rebelde, tomé la decisión de trasladarme a la UPR de Río Piedras y estudiar lo que más me apasionaba.

    Hubo un tiempo, en la universidad, cuando me sentía atraída por las relaciones públicas. Al final opté por el periodismo, lo que significaba que me pagarían por escribir.

    Aunque los sueldos en este campo no siempre son buenos, y existen muchas injusticias, yo he sido bendecida pues siempre he tenido trabajo en lo que estudié.

    Practiqué periodismo por diez años, y trabajo en relaciones públicas desde hace tres años. No me considero solamente una periodista, ni solamente relacionista profesional. Soy una comunicadora o especialista en comunicación, a quien le gusta mucho escribir.

    Si no hubiera sido periodista ni relacionista, creo que hubiera optado por ser cineasta (o estar involucrada de alguna forma en el cine), ser guionista o publicista. Como ves, para mí lo más interesante de un trabajo tiene que estar relacionado con el mundo de las comunicaciones.

    Me alegro que tú también hayas descubierto tu pasión. Ahora es mucho mejor porque somos colegas.

    Que Dios te bendida.

    Wanda

  2. Esa es la primera lección en el CIEL: hay que buscar la vocación, hay que responder al llamado de lo que uno verdaderamente es. Yo respondí a ese llamado en la escuela superior. Desde entonces quise ser antropólogo e investigar en ese campo. Ese ha sido mi norte desde que me gradué de escuela superior en 1972!!! Trabajé en eso mientras fuí estudiante en la UPR en Río Piedras y antes de graduarme ya tenía una posición como asistente de investigación y encargado de un laboratorio de arqueología. Luego seguí la etnografía como método y no he parado. Amo mi trabajo, porque todos los días tengo la dicha de hacer lo que siempre he querido, de ejercer mi vocación, de manera plena. Gracias por comunicar esas ideas. Compartiré el artículo con mis estudiantes asistentes de investigación, que están aquí en el CIEL por su vocación, por su llamado a investigar.

  3. El tema del último artículo de Mariam me encantó por estimulante y necesario. Desde niña sentí el deseo, ahora lo defino como vocación, de ser maestra. Creo que los modelos que tuve como maestros en las escuelas públicas de Cabo Rojo avivaron mi vocación. En esas clases, ahora lo sé, entonces como que lo intuía, veía el proceso de enseñar como uno fundamentalmente de cominicación. Ese aspecto, unido a mi afán de lectora, me indujeron a ser maestra. He vivido larguísimos años en este oficio y hoy, después de jubilada hace cinco años, he vuelto desde enero pasado al RUM y siento ese indescriptible placer de unirme a mis estudiantes en un proyecto de enseñanza- aprendizaje que siempre me lleva a aprender algo nuevo y valioso, me lleva a ser una perpetua estudiante.
    Mi padre siempre me recalcaba que si yo no estudiaba medicina no probaba que soy inteligente. Lo defraudé mucho. Hoy sé que nunca podría haber sido médica. Trabajo felizmente con los plurisignificados de una lectura, con las mtáforas sugeridoras de infinitas ideas y no puedo , con todo y ser muy sensible, intervenir, ni aún para salvar a alguien con ninguna de sus patologías corporales.Mi padre murió con esa duda a cuestas… Soy devota de la enseñanza. Es mi vocación legítima. Soy feliz y trato de contagiar buenamente esa felicidad de aprender a mis amados alumnos y alumnas.

  4. Es interesante analizar lo que parece ser uno de los aspectos emblemáticos del choque generacional… la dicotomía que existe entre hacer lo que me llena y satisface sin entrar en rebeldía contra (o defraudar a) quienes han invertido tiempo, esfuerzo, energías y – claro está, recursos económicos también – en mi formación como ser humano. Ellos y ellas albergaron la esperanza de verme algún día convertido en un prestigioso y exitoso profesional, con un trabajo o un negocio que me provea a mí y a mi familia los recursos económicos necesarios para darle a mi familia una mejor vida que la que ellos me dieron.
    Con esa esperanza, hace muchas lunas llegué a Mayaguez, de donde en cinco años debía salir convertido en un señor ingeniero químico… lejos estaba yo de saber que aquí encontraría mi verdadera vocación (que al igual que en el caso de la amiga Wanda, tiene mucho que ver con las comunicaciones, las relaciones públicas y la publicidad), además de la gente que me guiaría e inspiraría y las oportunidades que me ayudarían a alcanzar mis nuevas metas existenciales.
    Debo señalar, en honor a la verdad, que a mí me gustan mucho la química y las matemáticas, razón por la cual encontraba perfectamente natural la opción educativa que había escogido. Pero desde niño he sentido una abrasadora pasión por la música, en particular por la música popular de todas las épocas y de todas partes del mundo, del mismo modo que me apasiona conocer gente, hacer amistades, conversar y ayudar en lo que se me necesite. A través de uno de esos amigos que hice – estudiante también durante esa época, hoy ingeniero civil graduado – tuve mi primera experiencia de radio: mi primer encuentro con, según magistralmente lo define el antropólogo Manolo, “lo que verdaderamente uno es”. Lo que comenzó como un “part time” como lo han tenido, tienen y tendrán tantos universitarios para ayudarse a pagar sus estudios, en mi caso se convirtió en el inicio de una jornada que ha trascendido el tiempo, llena de momentos hermosos e inolvidables…
    Al igual que me imagino le sucedió a la profesora Acarón (mujer que me inspira una admiración que raya en la idolatría), esa decisión de cambiar de rumbo profesional le sonó a mi querido padre como un desperdicio de potencial académico, recursos intelectuales y – de nuevo – económicos. Gracias al cielo, yo sí he tenido la oportunidad de demostrarle que es mejor hacer lo que a uno le llena el alma, aunque el bolsillo se quede “a medio pocillo”.
    Y algo debo haber hecho bien, cuando todavía hay gente por ahí que se acuerda de lo que yo hacía los domingos por la noche hace más de veinte años…
    Mis hijas, con el favor de Dios, tendrán de su padre la bendición a la opción vocacional que escojan para sus vidas, el consejo y el apoyo que necesiten… sobre todo, contarán con el respeto que merece la búsqueda y el seguimiento de la pasión que impulsará sus vidas y dará sentido a sus sueños…

  5. Yo me fui a estudiar Genética a los Estados Unidos cuando me gradué de escuela superior. Los dos grados que ahora se encuentra orgullosamente enmarcados en casa de mis padres cuentan otra historia: un bachillerato en Historia y una maestría en Español. Durante mi segundo año de estudios descubrí que me gustaba más conocer sobre el pasado de los pueblos que estudiar para química orgánica (la cual completamente mató cualquier ilusión que me quedaba de ser una científico (¿o es científica?)). Y aún así, no siento satisfacción con mi trabajo. Los dos mejores trabajos que he tenido en mi vida fueron manejar las guaguas de la Universidad (el “part-time” que tenía para ayudar a pagar mis gastos universitarios) y trabajar como redactora para una conocida entidad publicitaria en Mayagüez (y Mariam, no lo digo porque fuiste mi jefa, jajaja… la verdad es que extraño ese trabajo). Fue durante el tiempo que trabajé de redactora que descubrí mi pasión, y no fue con las letras: fue con el diseño gráfico. La primera vez que usé Publisher para la revista del trabajo nunca me fijé que estuve pegada a mi escritorio por más o menos cinco horas sin interrupción – el despegarme del monitor fue el equivalente a Harry Potter sacando la cabeza del “pensieve”… era como regresar de otro mundo; y uno que para mí era perfecto. De ahí comencé a cursar clases de diseño gráfico por internet, pero debido a la economía no he podido regresar a terminarlas; pero mi sueño es poder terminar y poder diseñar de todo un poco y hacer lo que en realidad me encanta.
    Mariam, gracias por tu artículo; necesitaba un empujoncito para encaminarme hacia esa meta nuevamente y lo has logrado.🙂

  6. Yo encontré mi vocación en la escuela superior, cuando en segundo año decidí ser biólogo. Dentro de esta vocación principal han surgido a través de los años otras relacionadas: la entomología (estudio de los insectos), la botánica (plantas), la fotografía, los peces tropicales, el trabajo con madera, la enseñanza en línea, etc. Algunos de estos son más bien pasatiempos… pero un momento, ¿no es acaso tu vocación el más grande de los pasatiempos?🙂

  7. Un afectuoso saludo para todos. Cada una de sus historias me ha llenado de un gran entusiasmo. Gracias por compartir sus vivencias que sin duda son testimonio de la importancia de seguir el llamado o vocación. Me emocionaron muchísimo.

    Wandita, amiga que bueno volver a leerte. Eres una excelente escritora y esta historia que nos relatas, además del contenido genial está redactada de una brillante manera que conecta al lector de principio a fin. Y para tomar prestado algo de vuestra genialidad te reitero que disfruté: “Cada palabra, cada verbo, cada oración”.

    Manolo, bienvenido a Colisión Generacional, un placer tenerle en el foro de participación por primera vez. Muy agradecida por compartir con vuestros estudiantes el artículo. Algunos me critican por ser demasiado optimista, pero soy creyente en el efecto multiplicador de la palabra con mensaje, en esta ocasión el llamado a seguir adelante con la vocación que nos apasiona. Gracias.

    Marlene, querida profesora. Qué bueno tenerla por aquí y qué bueno que siguió la ruta de su vocación. Aunque no tuve el privilegio de que fuera mi profesora, son interminables los testimonios que he escuchado sobre cómo ha impactado positivamente a muchísimos estudiantes. Por esos testimoniales sé que sos de esos maestros que nunca se olvidan y me imagino que se siente una satisfacción enorme por la vocación cumplida. Gracias en nombre de todos. Ahhh… tenemos una taza de té pendiente.🙂

    Pepe, gracias por compartir tu experiencia. Lo que confirma que uno nace con unas aptitudes que puede desarrollar en el camino y luego definirse hacia una vocación. Sin duda, tu voz es una privilegiada, un don. Asimismo, muchos chicos y chicas tienen esas aptitudes que luego se pueden convertir en una carrera. Pepe, es interesante porque cuando tenemos una vocación en el camino nos encontramos con personas igual de apasionadas a lo largo de la ruta. Ese ha sido nuestro caso, nos encontramos en una emisora radial en Cabo Rojo, en una agencia publicitaria en Mayagüez y ahora en el Colegio. Qué bien y que siga la colaboración.

    Rosalma, te confieso que tu historia me emocionó mucho, mucho. Me alegra que recuerdes con cariño la experiencia laboral que tuvimos juntas. Y ahora me siento más que feliz porque allí descubriste esa pasión por las artes gráficas. Soy fiel creyente de que todo tiene su tiempo y estoy completamente segura que lograrás enfocarte en eso, y tú sabrás el momento. Te deseo lo mejor.

    Mari Mutt, veo que su lista de asuntos que la apasionan es tan larga como la mía. La pregunta es qué hacemos cuando tantas cosas nos gustan y podrían en si convertirse en una oportunidad laboral. Me parece que se pueden combinar como vos lo ha logrado con el trabajo de las maderas de Puerto Rico. Allí hay investigación, biología, fotografía, redacción y el producto final está en lína. Excelente idea para fusionar varias pasiones. Los que quieran ver una muestra presionen aquí.

    A mí también me encanta la fotografía (no soy tan pro como vos) pero aunque una vez tomé un curso, todavía no he tenido la oportunidad de llegar a un nivel que quisiera… y eso lo tengo en lista de espera.

    Y finalmente todos tenemos una pasión en común somos amigos de la palabra y a través del verbo comunicamos nuestras vocaciones. Enhorabuena.

    Un abrazo,

    Mariam Ludim

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