Redes Sociales, Reflexión

Isaac y las vidas pasadas

Si algo nos legó hoy Isaac, fue un despliegue viral de vidas pasadas a través del libro de las mil caras. Ninja asesina, bella japonesa, dama de alta sociedad, samurai de alto rango, leñador, reina salvaje, y cantante francesa… figuraban entre los repetitivos posts que documentaron el ocio.

Observas el primer post y dices: «Mira, que invento curioso». Luego llega el segundo y piensas: «Otro más».  Surgen el tercero y cuarto, en cuestión de minutos, y consideras: «No tienen nada más que hacer».  A la veintena, piensas: «Annoying«. Y en par de horas tu muro está repleto de bailarinas y guerreros árabes y asiáticos, hippies, princesas egipcias, senadores romanos… en otras palabras inundado de algo que simplemente no te interesa. Y cuando piensas que ya es suficiente, entonces el mismo día comienza otra modalidad viral en la que se comparan con una celebridad (y en la mayoría de los casos no se parecen en absolutamente en nada).

Esto me hace reflexionar en nuestra vida pasada antes de las redes sociales, y me preguntó lo siguiente: ¿Nos atraparon las redes en su telaraña hasta convertirnos en evangelistas de cualquier bobada que esta nos presenta? O es que acaso, ¿no hay remedio de hacer lo que los demás hacen? ¿Nos convirtieron las redes en autómatas de aplicaciones? ¿Nos dirigen las redes? ¿Tenemos que replicar todo lo que vemos?  ¿Tendrán las redes el poder de nublar nuestros intelectos de forma colectiva? Y ahora, ¿quieren hasta decirnos nuestras vidas pasadas?

Les propongo que celebremos que en las vidas pasadas fuimos nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos.  Procuremos en vez de enfocarnos en el pasado (ya sea el real o el virtual),  en vivir el presente con la responsabilidad de aportar algo positivo y original. Nuestro presente incluye la proyección del yo, a través del aplanado mundo digital. No tienes que compararte con una celebridad desconocida, tienes dentro de ti lo que necesitas para llegar hasta donde te lo propongas. Celebra que eres tú, después de todo, tu verdadero pasado te trajo hasta hoy y te hace único y especial.

Redes Sociales

Nuestra identidad digital: Alguien nos mira, alguien nos sigue

¿Te asusta pensar que alguien te siga sin que tú lo sepas? Escalofriante, ¿cierto? Antes,  esa posibilidad era muy remota, a menos que tuvieras negocios turbios o algún admirador secreto, entre otras razones demasiado peculiares.  Tal vez, lo vimos en algun guion hollywedense y nunca conocimos un caso real de este tipo de asecho.

Ese era el pasado, que en realidad no es muy distante, hoy, cualquiera puede mirarnos a través de esa vitrina llamada el espacio cibernético. Ahora, el que así lo desea nos rastrea, nos encuentra y nos observa cuantas veces quiera. Estamos al alcance de un barra de un metabuscador, y la vuelta de la esquina de un simple tecleo de nuestro nombre.

Esas huellas que dejamos dispersas en la tan transitada avenida supersónica de la información, conforman nuestra identidad digital. La doctora Aury Curbelo, profesora de Administración de Empresas (ADEM) del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) y certificada como investigadora forense de delitos cibernéticos (entre otras certificaciones de seguridad en la red) define la identidad digital como:

El conjunto de rasgos que caracterizan a un individuo o colectivo en un medio de transmisión digital.

Allí, en ese mundo virtual que acumula millones de piezas de información, también estamos nosotros, y los demás nos miran. ¿Quién nos busca? Nuestros amigos y enemigos; nuestros familiares y desconocidos; nuestros jefes y compañeros de trabajo; el gobierno y los patronos; nuestros supervisados y estudiantes; nuestros ex (lo que sea) y nuestros futuros (lo que se espera). En fin, estamos tan accesibles que las posibilidades son infinitas.

¿Qué implicaciones tiene esto? Más de las que aquel -que publicó en una red social una foto con una bebida en mano mientras vestía una camisa  con el logo oficial de su compañía-  se puede imaginar.  Más de lo que la otra – que publicó comentarios ofensivos sobre su patrono anterior- puede pensar.  Más de lo que todos aquellos que no tienen filtro y el teclado es una extensión de sus pensamientos, puedan sospechar. Las consecuencias son tan infinitas como la cantidad de gente que puede mirarnos.  Y es que allí, según añade Curbelo,  está nuestra reputación digital que es:

El reflejo del prestigio o estima de una persona o marca en internet.

Todo lo que publicamos y los que otros publican sobre nosotros incide en esa imagen que  en antaño se manejaba por el  «qué dirán» y hoy se maneja por el «qué verán». Son múltiples las implicaciones en la vida diaria de nuestra imagen digital, desde relaciones personales mancilladas hasta en el entorno laboral.

 Si todos nos miran, ¿pueden también los patronos en los que solicitamos empleo buscarnos? Por supuesto, y es una práctica ya documentada en estudios. Una encuesta realizada por Career Builder en el 2009 encontró que  el 45% de los patronos encuestados utilizaron las redes sociales como criterio para evaluar el trasfondo de los candidatos a empleo. ¿Y qué buscan?

    • Si el candidato ha publicado fotos provocativas e inapropiadas. 53%
    • Si el candidato publicó contenido sobre el uso de alcohol o drogas, 43 %
    • Si el candidato publicó algo negativo de sus previos patronos, compañeros de trabajo o clientes. 35%
    • Si el candidato mostró pobres habilidades de comunicación. 29%
    • Si el candidato hizo comentarios discriminatorios. 26%
    • Si el candidato mintió sobre sus cualificaciones 24%
    • Si el candidato compartió información confidencia de su pasado patrono. 20%
¿Piensas que atentan contra tu intimidad y tu derecho de expresión? Lo cierto es que simplemente estas allí -de la forma en que quieras proyectarte- y ellos también te miran. Además, recientemente  la Federal Trade Commission, le dio el visto bueno a una compañía llamada Social Intelligence Corp. para hacer investigaciones del historial de los candidatos (background checks) a través de las redes sociales. No tan solo eso, sino que acumulan la información por siete años. Sí, esas fotos comprometedoras que le regalas a Facebook, también las ubican allí.
Es así, alguien nos mira. Debes ser cauteloso con lo que publicas, que finalmente es lo que te representa.
Sí, ellos nos miran. Y por supuesto, yo también te observo a ti.
Nota: Si deseas más información sobre el tema te invito a que veas el programa que comparto a continuación. Foro Colegial con la doctora Aury Curbelo.
Generaciones, Redes Sociales

Generación 2.0 Lenguaje 2.0

Al menos escriben. Tal vez es una de las ventajas solapadas de esta era de las redes sociales y de aparatos digitales inteligentes.  Las personas – en especialidad las generaciones más jóvenes-  comparten reflexiones, situaciones, testimonios, noticias, bobadas… y para ello tienen que redactar un texto antes compartirlo con sus «amigos» o «seguidores».  De manera que la llegada de la Web 2.0 nos ha legado un puñado de filósofos, poetas, críticos, y expertos con un común denominador: graves problemas de ortografía. Les decía que al menos escriben. Recuerdo que hubo una época, diríamos unos 10 o 15 años atrás, en la que escuchaba una queja constante de que los jóvenes no escribían. Ya ese problema fue superado, ahora sí escriben, y cómo escriben, y cuánto escriben, y lo que escriben.  Desde que tienen «ambre» hasta que «su compu se esploto» y por ende, la búsqueda de «quien save repararlas» pero que sea «varato». Están los escriben sobre «su nueba vida».  Y la  «chika» que no se quedó en su «kasa» porque una amiga le pidió que no se «kitara» ya que la iban a pasar  «supel kul».   Y luego de la jornada social piden que «la etiketen las fotos» porque «kiero» tenerlas.

Estas modificaciones a la ortografía, a mi juicio como observadora social de las generaciones -no soy lingüista ni pretendo serlo, pero soy amante de las palabras- se deben a una pluralidad de factores inquietantes e interesantes en la misma proporción.

El primero que quiero abordar, y que va completamente ligado a una de las características de la Generación Y,  es el sentido de inmediatez.  Lo importante es escribirlo rápido no cómo se escribe. La misma Web 2.0 y las plataformas sociales, creadas para generar participación, están diseñadas para lograr ese sentido de urgencia y hasta la necesidad de publicar contenidos.  Recordemos, que la Generación Y (nacidos entre los ochenta al  dos mil), es el único cohorte generacional  con una influencia directa de la tecnología desde su nacimiento. Para ellos son completamente naturales estas nuevas formas de socialización, que incluyen la palabra escrita en medios electrónicos de una forma constante.

Otra de las características de esta generación es que es una con mucha autoestima. Esto gracias a sus padres, en su mayoría Baby Boomers. Para explicar mi punto, les hago una ilustración. ¿Han visto ustedes a una persona con una ropa dos tamaños más pequeña de la que realmente debe usar? Más aún, ¿han visto con la seguridad con que caminan y parecen pavonear su atuendo? Asimismo, pasa con esta tendencia escritural en las redes sociales. La dinámica que observo es: tengo algo que escribir y lo escribo, no me importa la ortografía, son mis pensamientos.

Precisamente, un interesante artículo publicado por la Fundación de Español Urgente, titulado Internet pone los puntos sobre las íes a los que estrangulan el idioma, confirma esta idea:

En el mundo de las redes sociales el lenguaje escrito ha tomado el relevo a la expresión oral, lo que ha dejado al descubierto los problemas de los internautas con la ortografía.

Expresa Javier Bezos, redactor de la Fundéu BBVA (Fundación del Español Urgente) y coordinador de la Wikilengua, en el mismo artículo que:

En las redes sociales, «la gente escribe según va pensando», por eso, asegura Bezos que «aunque sea una lengua escrita, en el fondo es una lengua oral» y está estructurada como tal.

Sin embargo, el escritor Mario Vargas Llosa y Premio Nobel de Literatura 2010, le llama «barbarie sintáctica». En una entrevista con un rotativo suramericano el laureado escritor peruano decía:

“El Internet ha acabado con la gramática, de modo que se vive una especie de barbarie sintáctica”.

“Si escribes así, es que hablas así; si hablas así, es que piensas así, y si piensas así, es que piensas como un mono. Y eso me parece preocupante. Tal vez la gente sea más feliz si llega a ese estado. Quizás los monos son más felices que los seres humanos. Yo no lo sé”, sentenció.

Como en todos los áreas del saber hay favorecedores y detractores de estas nuevas formas escriturales.Por ejemplo, el profesor David Crystal de la Universidad de Gales indica que se trata de una «revolución lingüistica»:

“La web es un nuevo medio lingüístico, mucho más dinámico que la escritura tradicional”.

Ya nos han explicado los lingüistas que el idioma es un ente vivo y que se transforma según sus usos. ¿Dominarán los usos incorrectos? Estos escritos en las redes sociales, ¿tendrán un impacto en la redacción escolar, universitaria y luego profesional? ¿Se transformará la ortografía? Mientras, por lo menos escriben…