La nostalgia del trece

Por Mariam Ludim Rosa Vélez

Sumergida en la nostalgia del trece,

con la noble misión de apalabrarte,

Soy la nanopoeta del trece,

la que nunca dejará de amarte.

***

Mis musas son solo para el trece,

letras dedicadas para añorarte,

Soy la melancolía del trece,

la que anhela siempre recordarte.

***

Proclamo tus memorias el trece,

en historias para invocarte,

Soy la escribiente del trece,

la que, aunque sea en versos, quisiera abrazarte.

En memoria de mi amada que un trece de noviembre del dos mil ocho pasó al descanso.

Isaac y las vidas pasadas

Si algo nos legó hoy Isaac, fue un despliegue viral de vidas pasadas a través del libro de las mil caras. Ninja asesina, bella japonesa, dama de alta sociedad, samurai de alto rango, leñador, reina salvaje, y cantante francesa… figuraban entre los repetitivos posts que documentaron el ocio.

Observas el primer post y dices: “Mira, que invento curioso”. Luego llega el segundo y piensas: “Otro más”.  Surgen el tercero y cuarto, en cuestión de minutos, y consideras: “No tienen nada más que hacer”.  A la veintena, piensas: “Annoying“. Y en par de horas tu muro está repleto de bailarinas y guerreros árabes y asiáticos, hippies, princesas egipcias, senadores romanos… en otras palabras inundado de algo que simplemente no te interesa. Y cuando piensas que ya es suficiente, entonces el mismo día comienza otra modalidad viral en la que se comparan con una celebridad (y en la mayoría de los casos no se parecen en absolutamente en nada).

Esto me hace reflexionar en nuestra vida pasada antes de las redes sociales, y me preguntó lo siguiente: ¿Nos atraparon las redes en su telaraña hasta convertirnos en evangelistas de cualquier bobada que esta nos presenta? O es que acaso, ¿no hay remedio de hacer lo que los demás hacen? ¿Nos convirtieron las redes en autómatas de aplicaciones? ¿Nos dirigen las redes? ¿Tenemos que replicar todo lo que vemos?  ¿Tendrán las redes el poder de nublar nuestros intelectos de forma colectiva? Y ahora, ¿quieren hasta decirnos nuestras vidas pasadas?

Les propongo que celebremos que en las vidas pasadas fuimos nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos.  Procuremos en vez de enfocarnos en el pasado (ya sea el real o el virtual),  en vivir el presente con la responsabilidad de aportar algo positivo y original. Nuestro presente incluye la proyección del yo, a través del aplanado mundo digital. No tienes que compararte con una celebridad desconocida, tienes dentro de ti lo que necesitas para llegar hasta donde te lo propongas. Celebra que eres tú, después de todo, tu verdadero pasado te trajo hasta hoy y te hace único y especial.

Lo sabía…

Por Mariam Ludim Rosa Vélez

Sabía que te extrañaría,

que ángeles de alas de colores tu sueño velarían.

Sabía que te recordaría,

que pensaría en ti todos los días.

Sabía que me dolería,

que tu partida me angustiaría.

Así que, como ya lo sabía,

te dedico tus versos poeta mía,

los activo solo para ti porque eres poesía,

y te encuentro en el verbo y en la melancolía.

Lo sabía…

En memoria de mi amada hermana Chiqui que descansa y que un día como hoy, 13 de junio comenzó sus días llenos de palabra, música y poesía.

Los seis años de Colisión Generacional

Un 14 de abril de 2006 comencé esta jornada con la palabra generacional que precisamente hoy, 14 de abril de 2012 cumple seis años.

Más que agradecida de que me hayan acompañado durante esta recorrido virtual que nos ha servido de espacio para intercambiar ideas sobre las generaciones, tecnología, periodismo y reflexiones, entre otros temas.

Así que, con un brinco de júbilo, celebro el sexto cumpleaños de Colisión Generacional. Les invito a que sigan en contacto.

Una generación de cibercondríacos

La era de la informática, además de legarnos tanto conocimiento, también nos deja por herencia nuevas afecciones relacionadas con su constante uso.  Es allí, en la superavenida electrónica, que transita una potenciada especie de los hipocondríacos: los cibercondríacos.  Lo que antes se definía como personas temerosas de padecer cuanta enfermedad escuchaba,  se mencionaba o se le acercaba; ahora se han convertido en seudoexpertos que consultan sus síntomas en la red y se autodiagnostican.  La tendencia ha sido documentada por varias encuestas, una de ellas de la empresa Harris Interactive, quien desde el 1998 han registrado el aumento de personas que buscan información médica en Internet.  Lo interesante es que ellos incluyen a todos los que investigan sobre asuntos de salud en la categoría de cibercondríacos.

Sin embargo, a mi juicio, el problema no es la búsqueda de datos, la situación se agrava con la infoxicación (otro nuevo término de estos tiempos) que pueden sufrir los cibernautas de temas médicos y la preocupación -a veces infundada- de problemas de salud.  Esto a su vez, puede provocar ansiedad y la alucinación de conocer más que los médicos sobre estos padecimientos. Situación que desencadena en la búsqueda de tratamientos que, ante la falta de un contexto educativo en esa área, pudieran ser errados e incitar otros males.

Cual Jano, esta situación tiene dos caras, y es que ahora los pacientes van más educados al consultorio médico, lo que representa un reto para los galenos. Un estudio publicado por el British Journal of General Practice apunta hacia que los médicos generalistas se sienten intimidados por el creciente número de pacientes que consultan la web.  Los resultados también indican que  los médicos experimentan ansiedad y se sienten retados.  El consejo que algunos expertos en el tema dan a los profesionales de salud: “no ignoren a sus pacientes informados, escúchelos”.

Mientras, la recomendación para todos los demás ciberespaciales, es que no nos obsesionemos al punto de crear condiciones de salud virtuales. Las tecnologías actuales y los accesos inmediatos a la información, siempre nos legarán nuevos desafíos,  esta vez, toda una generación de cibercondríacos. ¿Conoces alguno? Esa sonrisa que veo en tu rostro me dice que sí 🙂

La generación Boomerang

Tal vez en Puerto Rico, no represente una tendencia social nueva, ya que por nuestra cultura e idiosincrasia los padres albergan a sus hijos en sus hogares, sin mayor dificultad, hasta que ellos quieran irse (a veces esto significa toda la vida).

Sin embargo, en otros países como Estados Unidos, Cánada y Europa, la práctica frecuente es que los hijos se independicen entre los 18 a 21 años. De esta forma, sus progenitores pueden “disfrutar” de su “nido vacío”.

Recientemente, esta costumbre ha disminuido con la llegada de un nuevo fenómeno social denominado generación boomerang, que se caracteriza porque los jóvenes, entre los veintitantos y los trientitantos, se quedan a vivir o regresan a la casa de sus padres.  Esta marcada inclinación, más fuerte en la última década, contrapone la expectativa de los norteamericanos de que sus hijos partan del hogar en los álbores de la juventud.

 ¿Por qué no se van o regresan tan pronto?

Un estudio que publicó la pasada semana el Pew Research Center, apunta hacia  que la razón principal es económica. Así lo explican en el informe:

“La Gran Recesión parece haber acelerado esta tendencia. La encuesta de Pew Research encontró que entre los jóvenes adultos de  18 a 34 años, el 24% se mudó con sus padres en los últimos años, después de haber vivido de forma independiente, debido a las condiciones económicas”.

La investigación no tan solo documenta esta tendencia, sino que también establece que tanto los padres como los jóvenes se encuentran satisfechos con mantener por más tiempo este arreglo de convivencia multigeneracional familiar:

“El 68% de los jóvenes adultos de entre 18 y 34 años que viven con sus padres o se mudó nuevamente en forma temporal, debido a las condiciones económicas, dicen que están muy satisfechos con su vida familiar. Esto se compara con el 73% de los jóvenes adultos que no viven con sus padres (una diferencia estadísticamente no significativa). Del mismo modo, el 44% de los jóvenes adultos que viven con sus padres dicen que están muy satisfechos con su situación de vivienda actual. Una proporción similar (49%) de los jóvenes adultos que viven independientes manifiestan lo mismo”.

Asimismo, se desprende del estudio que los jóvenes aportan, de una forma u otra, a los gastos del hogar:

“Los adultos jóvenes que viven con sus padres contribuyen a la casa de varias maneras. Casi la totalidad de los encuestados, entre los 18 – a 34 años de edad (96%) dicen que  aportan al hacer las tareas del hogar. Mientras el 75% dice que contribuye con los gastos del hogar, tales como compra de comestibles o facturas de servicios públicos. Por otro lado, (cerca) más de una tercera parte (35%) paga renta a sus padres. Tanto las féminas como los varones son propensos a ayudar en las tareas domésticas y pagar alquiler. Sin embargo, hay más féminas que varones que contribuyen con los gastos del hogar (84% vs 67%).

El doctor Roderic Beaujot, profesor de University of Western Ontario también ha investigado esta tendencia en Canadá, al citar estadísticas del Censo, demuestra que en 1981, el 27.5% de los canadienses de 20-29 años vivían con sus padres. En 2001, la cifra había aumentado a 41%.

Un estudio realizado en Inglaterra por el Institute for Social Camp Economic Research (ISER), de la Universidad de Essex y reseñado en el periódico The Telegraph, también documenta esta tendencia en Inglaterra e indica que en el 2008 hubo un aumento de 110,000 jóvenes entre 16 y 29 años que regresaron al domicilio de sus padres.

En Italia el 70% de los adultos jóvenes viven en la casa de su padres, allá se les denomina Bamboccioni, que significa “bebés grandes”.

Esta tendencia tienes sus favorecedores y detractores. Los que apoyan este acomodo establecen que ayuda en lo financiero a todas las partes y que  permite que las relaciones interfamiliares se fortalezcan. Ponen como ejemplo, las culturas asiáticas e hispanas, en que los hijos viven por más tiempo con sus padres y luego, toman un rol principal en el cuidado de sus progenitores cuando llegan a ancianos.  Los que rechazan esta práctica temen que se vaya a perpetuar la depedencia.  El doctor Frank Furedi, de la Universidad de Kent, le llama la “cultura del miedo”. Según indica, “el culto a la seguridad representa una actitud profundamente pesimista hacia el potencial humano”.

Lo que para nosotros, los puertorriqueños, es un estilo de vida social muy habitual: vivir en la casa de nuestros padres en los 20’s, 30’s, 40’s  y a veces más; ahora representa todo un tópico de discusión y debate mundial.  ¿Será que el modelo de los hispanos funcionó desde un principio? ¿Realmente los padres querían el nido vacío o simplemente la cultura se lo impuso? ¿Mejorará con este “nuevo modelo” la comunicación entre generaciones? Sin duda, son áreas que se investigarán.  Mientras, qué tal si disfrutan la experiencia.

La cadena CBC preparó un documental sobre el tema. Les dejo con el preview:

Préstame un instante más

Por Mariam Ludim Rosa Vélez

Préstame tu poesía para dedicártela

Préstame tu palabra para escribírtela

Préstame tu canción para cantártela

Préstame tus versos para rimarlos

Préstame tus sueños para mimarlos

Préstame tus guerreros para liberarlos

Préstame tus melodías para esparcirlas

Préstame tus intenciones para redimirlas

Préstame tus listas para cumplirlas

Préstame tu ilusión para atesorarla

Préstame tu esencia para acariciarla

Préstame tu ternura para revivirla

Préstame un instante más….

En memoria de Chiqui, quien descansa desde el 13 de noviembre de 2008

Un nidito se posó sobre ella. ¿Una conspiración de la naturaleza? Sí, es que el Creador, la hizo melodia, y entre melodías conserva su descanso. Anda pajarito hermoso canta, canta…. no dejes de cantar.